Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGEL | Publicado el

SOBRE EL CALOR

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Estación Sol intenso, que también podría llamarse son Caribe (o cubano, si aun se cree en la izquierda), ya que este baile se ejecuta cuando hay movimiento y ruido, mucho río revuelto y alegre desorden, como mandan los cánones de la rumba.

Y, como en la canción de Maia, Candela, lo que importa es bailar y tirar paso sin hacerse preguntas, buscando el amacice y el entrepierne, el pasito tuntún con mocasines blancos y los giros inesperados de cadera cuando el bajo hace un solo, los timbales se enloquecen y suenan las cornetas y los clarinetes, ¡ay mamá. Y a todas estas Changó (viejo dios del mar) y su corte de orichas, locos dioses menores africanos que atravesaron el mar y aquí hicieron cría escondidos en santos y vírgenes, en gente de tabaco, sombrero grande y guayabera, mujeres gordas y uno que otro iluminado que se las ve con Babalú y las siete potencias.

Porque el calor es esto compadre, ritmo, ron, sudor y lo que venga, así sea pecado.

Estos son días de calor, señor, de dictadores vecinos que gobiernan momificados mientras la banda toca sin parar y los cantantes improvisan versos para que siga el baile, que en este Caribe de desmesuras y apariciones, de frutas grandes y animales rápidos, el desorden es cosa diaria y las mutaciones tan diversas que no hay cómo clasificarlas, pues esto es el calor: cuerpos que se dilatan, memoria que no funciona, tiradera de paso, brujería, ojos rojos, cansancio y a la vez un son, a ritmo de piano o de guitarra, que empuja y así no se llegue a ninguna parte, ahí vamos, moviéndonos lento y con pereza, cuando no al revés.

El caso es que en el calor no se para y, aunque parezcamos dormidos, las cosas se dan. Y al darse creemos que aparecieron, pero ahí estaban. Ajá.

La papaya es fruta de calor, igual que la patilla, el mango, el corozo y el mamoncillo.

Y si se quieren legumbres, el pepino, o hasta raíces, como la yuca y el ñame (este último que todavía no se sabe si es comida o qué).

No falta entonces qué comer (o de imaginar que se come) y del río llegan pescados que no rondaron el arca de Noé, gallinas coloradas con su carga de huevos (así sean como los de la serpiente, de Bergman) y marranos flacos, pero no por ello sin tocino.

Y esto es el calor, caballero, naturaleza que cambia de verdes, sueños a medias, inicios que pueden ser finales y mucha maraca sonando para que no se diga que el calor no alimenta.

La maraca es recipiente con semillas secas que no solo sirve para dar ritmo al baile sino también al desorden. Así es.

Acotación: del calor, asunto que no solo es propio del infierno, se pueden decir muchas cosas: que dilata los cuerpos, que lo caliente no se toca, que tanta luz no deja ver nada, que todos buscan la sombra, que adormece y que todo lo transforma, sea para fundirlo o secarlo. Bueno, estamos en días de calor intenso.

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